in

LA CUARENTENA COMO VIAJE INTERIOR

Victor Fernandez Kowal, Periodista ULARE, Terapeuta Holístico

Victor Fernandez

Miles de cisnes de cuello negro[i] en el lecho del rio Cruces en la región de Los Ríos. Pumas merodeando en Ñuñoa y Providencia[ii]. Cóndores posándose en los balcones de departamentos en comunas de Las Condes y de Vitacura[iii].

Avistamiento de Delfines en las costas de Reñaca, en la región de Valparaíso[iv]. Diminutos chercanes[v] visitando los recovecos de los jardines buscando larvas.

En el valle central,  el aire se hace respirar en Santiago[vi], situación impensada durante los últimos cuarenta años. Estos días donde la ciudadanía se ha visto obligada a recluirse en sus hogares producto del enemigo poderoso del SARS-CoV-2 constituido en pandemia según la OMS[vii] ha permitido que la naturaleza  paulatinamente recupere sus espacios otrora vedados producto de la febril actividad humana.

Con la lentitud propia de una fuerza que se mueve en relación a millones de años, los ecosistemas a la primera oportunidad, inmediatamente comienzan su recuperación, hoy en día  los registros visuales de aquellos acontecimientos se comparten en las redes sociales con un nivel de “virulencia” bastante contundente.

Paradójicamente los seres humanos también retornamos a casa, a limpiar, ordenar, fregar, aspirar y a entendernos en el interior de nuestras cuatro paredes, recuperando en la práctica un espacio – tiempo perdido por obligaciones en el mundo exterior. Entramos a revalorizar el metro cuadrado personal, que se había visto vulnerado en los viajes en micro, metro, colectivo, ascensor; en la fila del supermercado o en los recintos deportivos. Hace solo unas semanas era inmunológicamente sostenible compartir nuestras diminutas secreciones salivales con millones de personas cuando gritábamos a nuestras autoridades lo que el país necesitaba para ver más ampliado las líneas del horizonte.

La humanidad en su agujero.

Nuestra vida social se ha visto a la merma, experimentamos un nivel de confinamiento que muchas generaciones no han visto jamás. Este retorno forzado a lo hogareño, en cierta forma nos ha colocado en la disyuntiva de entregar nuestra capacidad de desplazamiento en favor de la seguridad de estar a resguardo de la amenazante molécula tan fácil de adquirir, si cualquiera se expone más allá de la intemperie, al contacto con otro ser humano.

Entonces la jornada laboral de unos y la actividad académica de muchos tecnológicamente se resuelve con una capacidad de adaptación significativamente rápida. Tal cual como si en forma inconsciente estuviéramos planificando este arribo biopolítico[viii]  desde mucho antes de los primeros atisbos de la amenaza allá en la lejana Wuhan. Si bien es cierto que grandes masas desfavorecidas están quedando a merced de las vicisitudes sin un gran apoyo por parte de la sociedad en su conjunto, igualmente éstas se han visto obligadas a someterse a la disciplina de cuidar la salud, pese al hambre, el pago de cuentas inconcluso y a las dimensiones espaciales del confinamiento en disimiles pajareras, evitando así entrar a comparar las viviendas sociales actuales con los nichos de los cementerios.

La humanidad en su escondite.

El cuidado de la salud se ha hecho prioridad para las familias, hemos retornado a nuestras cavernas para que las bestias puedan recuperar sus espacios vitales y así regenerar los soterrados ciclos; esto pese a la pobreza altamente acendrada en la geografía; esto pese a la vertiginosa escalada de la violencia intrafamiliar; esto porque el virus nos hizo recordar lo fuerte que es la madre naturaleza y nosotros volvimos a ser los monos desnudos de siempre; hambrientos y solitarios, con la mente ávida por secretar miedo e incertidumbre como mecanismo de extrema supervivencia.

Entonces aprovechamos el tiempo, como buenos simios pensantes y nos reinventamos en nuevos ritos para navegar en la pandémica tormenta que nos tiene en el vaivén del teletrabajo (multiplicado en un incesante copiar y pegar de tareas) y una palpitante interrogación acerca de ¿Quiénes somos ahora como especie? Ahora, nuevamente encuevados como lo hicieron nuestros ancestros en aquel feroz edén sin escritura, sin semillas domesticadas y a la suerte de alguna alimaña dispuesta mañosamente a ser cazada.

Mientras varios miles de barcos superpetroleros yacen anclados en distintas aguas oceánicas del planeta, esperando que la malignidad mengüe y nos deje reactivar la economía, que no será ni mañana, ni pasado ni en tres meses más; nos queda más que nosotros mismos dentro de un concierto de silencio acompañado de zorzales matinales porque ya no se escucha el tránsito, ni las máquinas, ni la vocinglería de los vecinos venidos de todas las comunas a dar el sudor de sus frentes en favor de un futuro digno para sus familias. Hoy ya nada de eso existe, estamos en un intermedio, en un entre paréntesis a la espera de que esto acabe pronto sabiendo que está recién comenzando.

La humanidad en su caverna.

En todo relato tradicional se esconde  una pieza de sabiduría que los pueblos van traspasándose de generación en generación, así van construyendo su cultura a partir de historias asombrosas. En la saga heroica de Sigfrido[ix], éste debe enfrentar a un dragón para rescatar el tesoro de los Nibelungos, gracias a las lecciones de un enano es instruido en el arte del combate y así se interna en una caverna donde libra su lid con el reptil alado; de esta manera se convierte en un caballero con capacidad de desposar a Brunilda[x], una bella durmiente castigada por Odín[xi]. Los piratas para esconder sus tesoros peleados en la alta mar recurrían a una cueva para esconderlos. Platón[xii] para retratar la esclavitud humana de la ilusión sensorial, nos puso a todos dentro de una caverna viendo (TV) sombras, la manera de desentrañarlas, para salir a la luz, es convirtiéndose  en un lector de jeroglíficos. Los burgos del medioevo eran fortificaciones arriba de peñascos, con un pequeño portal de acceso a modo de madriguera. La Virgen de Fátima[xiii] (la diosa, la pachamama[xiv], la ñuke mapu[xv], la vieja en la cueva) se aparece en una gruta a unos devotos niños a los cuales les comunica trascendentales designios para el mundo cristiano. Así también Batman, que guarda todos sus ingenios tecnológicos en las profundidades de una batiguarida edificada bajo su mansión. Todas estas historias venidas de la tradición y la fantasía nos indican de lo útil que puede ser la covacha en la cual hoy en día estamos confinados, en ella podemos encontrar mensajes que no podríamos descubrir en la fatuidad de estar constantemente saliendo de ella, o dándola en uso exclusivo de dormitorio. Hoy en el aislamiento efectivo, única manera de bajar la tasa de contagio, tenemos la oportunidad de descubrir nuestro propósito en la vida viajando al interior de este metro cuadrado, con la convicción de poder encontrar alguna referencia acerca de quiénes somos como seres humanos. Este macizo frenazo que la naturaleza ha colocado al progreso humano nos hace vernos necesitados de un antro personal familiar comunitario; la casa interior como un enigma para enfrentar nuestra sombra, nuestros dragones, nuestras elucubraciones mentales hoy en día está resultando ser el ámbito dispuesto para nuestro computador así dar la continuidad a nuestros oficios mediante el sistema de la comunicación virtual. En una de esas, en este micro campo de concentración, hallamos el cofre lleno de monedas de oro dentro, el mismo que por años y kilómetros recorridos nunca hemos podido encontrar afuera. Pensemos en los yoguis metidos en ermitas  por años para alcanzar el samadhi[xvi] (iluminación), en una de esas, nosotros alcanzamos nuestra propia luz durante esta experiencia. Atendamos este confinamiento como lo que está resultando, un lugar pequeño para aprender lecciones de autogobierno, teletrabajo creativo (pero regulado) y la posibilidad de disfrutar la saludable comida casera todos los días.

[i] https://www.t13.cl/noticia/nacional/registran-presencia-record-cisnes-cuello-negro-rio-cruces-y-chorocamayo.

[ii] https://www.elmostrador.cl/noticias/multimedia/2020/03/24/sorprenden-a-puma-deambulando-por-las-calles-de-providencia-y-nunoa/

[iii] https://colombia.as.com/colombia/2020/04/26/videos/1587909750_952179.html

[iv] https://www.24horas.cl/regiones/valparaiso/captan-maravilloso-avistamiento-de-delfines-en-costas-de-vina-del-mar-4131801

[v] https://avesdechile.cl/074.htm

[vi] https://radio.uchile.cl/2020/03/20/el-planeta-respira-mejor-gracias-a-la-pandemia-del-coronavirus/

[vii] https://www.un.org/es/coronavirus

[viii]https://scielo.conicyt.cl/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0718-43602013000100010

[ix] https://sobreleyendas.com/2008/01/17/la-leyenda-de-sigfrido/

[x]Ídem.

[xi]Ídem.

[xii] https://www.culturagenial.com/es/mito-de-la-caverna-de-platon/

[xiii]https://es.wikipedia.org/wiki/Virgen_de_Fatima

[xiv] https://pueblosoriginarios.com/sur/andina/inca/pachamama.html

[xv] https://es.wikipedia.org/wiki/Ñuke_Mapu

[xvi] https://es.wikipedia.org/wiki/Samadhi

AUTOR

Victor Fernandez Kowal, Periodista ULARE, Terapeuta Holístico

Victor Fernandez

Escrito por Victor Fernandez